martes, 21 de septiembre de 2010

Lisboa la nostálgica

LISBOA.- En el aire de Lisboa se respira la nostalgia, la melancolía de una tierra donde puedes caminar tranquilamente junto al Río "Tejo", mientras escuchas cantar el fado de Amália Rodrigues desde el interior de un edificio color pastel.

Llegar a la capital portuguesa es sentir el trato servicial de sus habitantes cuando te intentan hablar en “portuñol” para darte la bienvenida. Después a trasladarse al centro.

Lo primero para recorrer es la “Praça do Comércio” o Plaza del Comercio, construida donde fue el Antiguo Palacio Real, destruido por el gran terremoto de 1755. Sentarse en alguna de las bancas para disfrutar del paso de los barcos por el Río "Tejo" es una parada obligada, como es volver al anochecer para disfrutar de la iluminación de este magnífico sitio.

El tradicional tranvía color amarillo y los funiculares son parte del antiguo centro de la ciudad y le permitirán conocer las estrechas y empinadas calles de esta capital, que mantiene su esencia.

Si es sábado este transporte lo llevará hasta el mercadillo de “Feira da Ladra”, que se instala en los alrededores del Panteón Nacional los días sábados y donde podrá encontrar artesanía con el tradicional gallito portugués, así como mosaicos originales y por supuesto un excelente fado.

Caminar por los pasillos de este “Feira da Ladra” le permite conocer la pacífica vida de una comunidad que se ha quedado a vivir en el antiguo Lisboa, el Lisboa enamorado del pasado.

Al terminar tiene que entrar al Panteón Nacional o Iglesia de Santa Engracia, una magnífica construcción situada en las proximidades del monasterio de Sao Vicente de Fora y cuya cúpula destaca entre los tejados del barrio de Alfama.

La construcción de esta iglesia fue iniciada en 1682, pero no pudo concluirse hasta 300 años más tarde. Al salir váyase directo al monasterio, donde además de conocer la historia de la religión católica en Portugal y Brasil, tendrá la mejor vista de la cúpula.

Para después del mediodía debe trasladarse al Castillo de San Jorge, recorrer sus torres y garitas, tomarse fotos y respirar el aire puro mientras disfruta de sus bellos miradores.

Para en la tarde no puede irse sin comer un “Folar de Chaves”, un pan típico de la culinaria de cuaresma en la cocina portuguesa. Al igual no debe dejar de beber el vino de Oporto, que tiene su origen en torno al siglo XVII, cuando los mercaderes británicos comenzaron a adulterar el vino de la región del Valle del Duero.

http://www.el-mexicano.com.mx/informacion/suplementos/2/38/turismo/2010/09/16/425656/lisboa-la-nostalgica.aspx

No hay comentarios:

Publicar un comentario