José Israel Ibarra González / París, Francia
Llegue a París el pasado sábado 8 de mayo con la ilusión de subir a la 'Tour Eiffel', recorrer 'Les champs-elysées' y comer acompañado de mi novia junto al río Sena, todo estaba planeado para ser un fin de semana romántico por la tierra de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, pero la capital francesa no fue tan benevolente.
Salimos de Madrid a las 6 de la mañana en una compañía de aviones de 'low cost', ambos estamos estudiando en España becados y no hay manera de acceder a grandes lujos. Arribamos al aeropuerto 'Charles de Gaulle' y subimos al sistema de trenes de París, que dista mucho del de Madrid, debido a que eres recibido por malvivientes que te piden dinero por decirte en donde te subas.
Tomamos el RER B hasta llegar a la estación 'Gare de Nord' y de ahí abordamos en metro a 'Barbès-Rochechouart' donde estaba el hostal que reservamos, pero al llegar el ambiente no era precisamente el romántico de las calles parisinas. Nos encontramos en una zona de argelinos, negros y árabes, que huían de la policía nacional llevando la mercancía ilegal en la tela donde la ofrecían en el piso.
Tras comer en un puesto de comida turca, muy al estilo de las loncherías mexicanas, nos dispusimos a recorrer la catedral de Notre Dame y la Isla de Francia, todo iba bien hasta llegar a 'Les champs-elysées' donde el frío y la caminada obligaron a entrar a los baños, cuyo precio de entrada era de 2 euros, es decir, unos 40 pesos por dejar que el cuerpo descansara.
Siendo peccata minuta seguimos hasta el Arco del Triunfo, donde el número de automovilistas que se estacionan alrededor de la glorieta hacen imposible tomar las fotos del recuerdo, atrás siempre aparece alguna pareja arriba de su carro estorbando y obligando a utilizar posteriormente el Photoshop.
Para el domingo por la noche pretendíamos subir a la Torre Eiffel, todas las guías consultadas dicen que al oscurecer el número de turistas disminuye y las fotos son mejores. Entonces nos fuimos a 'Gare de Nord' a tomar el tren RER C, sólo que los franceses les gusta complicarse la vida y tienen para finalizaciones de la misma línea en sentidos opuestos nombres similares: 'Versailles-Rive Gauche-Château de Versailles' hacia el Oeste y 'Versailles Chantiers' hacia el Este.
Era de esperarse que con las prisas, el nulo dominio del complicado sistema de transporte y unas abreviaturas casi idénticas nos equivocáramos y no alcanzáramos a subir al último elevador de las 10:30 de la noche. De tal manera que sólo quedó tomar algunas fotos a la bella iluminación de la torre y regresar al siguiente día.
Todo hubiera sucedido sin complicaciones en la jornada del lunes, pero una lluvia nocturna comenzó a nublar el 'último' día de estadía en París, antes de regresar a Madrid. Esperamos que dieran las 9 de la noche para aprovechar la bella vista del tope de la Torre Eiffel, pero aceleramos el paso conforme las gotas y el fuerte aire mostraba la vulnerabilidad de los paraguas de mano.
En una hora estaremos de regreso para emprender la retirada le dije a Lorena antes de subir, en lo que fue una aventura de más de dos horas, entre cientos de japoneses a quienes se les ocurrió llegar en la noche, cuando tuvieron todo el día para hacerlo. Para el momento en que llegamos al tope el aire y la lluvia hacían prácticamente imposible tomar fotos sin que la cámara terminara empapada.
Por fin pasadas las 11 de la noche logramos regresar a la estación Champ de Mars Tour Eiffel, rápidamente nos dispusimos a transportarnos por el RER C a 'St. Michel Notre Dame' donde haríamos el cambió a RER B con destino al aeropuerto Charles de Gaulle terminal 2, pero la sorpresa fue que el tren estaba suspendido en 'Invalides', dos estaciones antes.
Como el boleto de turista terminaba a las 12 de la noche decidimos subir al metro 'Bir-Hakeim' a 350 metros bajo la lluvia desde 'Champ de Mars Tour Eiffel'. El objetivo era transportarnos por la línea 6 hasta la estación Charles de Gaulle Etoile (nótese que tiene el mismo nombre del aeropuerto pero está en el lado contrario) y después transbordar por la línea 2 hasta 'La Chapelle' y bajar corriendo hasta 'Gare de Nord' por abajo de la tierra.
El objetivo estaba logrado, con los pies empapados, pero estábamos en 'Gare de Nord', justo para que fueran las 12 de la noche y meter el boleto de 8.50 euros para regresar al aeropuerto. Pero no fue así, sí la línea a 'Saint Michel Notre Dame' se suspendió a las 11 de la noche, la línea al aeropuerto Charles de Gaulle estaba suspendida a partir de las 11:30 de la noche, era necesario llegar a la estación 'Aulnay sous bois' y de ahí transportarnos en autobus.
Llegamos pues a la dichosa estación cuando empece a buscar el boleto de entrada al aeropuerto con el suplemento -que compre desde el sábado para evitar encontrarme sin la posibilidad de adquirirlo de última hora-. No lo podía creer, desapareció de mi cartera, de mi mochila, de mi pantalón, en conclusión: lo perdí.
Los nervios empezaron a comerme, porque era el último bus que salía a la 1:30 de la mañana y sólo me esperaba a mí, intente comprar en una máquina pero no había tiempo. Gracias a Dios uno de los empleados del RER me dijo en su mocho inglés "free". Brinque al camión y empece a sentir que mi cabeza estallaba.
Entramos al aeropuerto por una entrada alterna, así que no me pidieron el suplemento, de tal manera, que me dispuse a entrar al baño a rasurarme, porque con las prisas no lo había hecho durante la mañana cuando me bañe. Fue tan mala mi suerte que el rastrillo estaba enmohecido y me corto toda la cara, de tal manera, que el perfume tuvo que hacer de alcohol y sentí que me quemaban con fuego puro.
Eran pasadas de las dos de la madrugada, todo era esperar a las cinco para pasar a la sala de abordar y regresar a Madrid, eran tres horas medio dormidos en las incómodas banquitas del aeropuerto, que por supuesto no está hecho para pernoctar, pero debido a las circunstancias era necesario.
!No puede ser! Eran las cuatro cuando sonó mi teléfono, pero no era despertador, sino un mensaje de Easyjet, el vuelo se había cancelado porque el volcán islandés Eyjafjalla se le ocurrió hacer erupción de nuevo. Mi novia de origen ecuatoriano tenía cita en extranjería para hacer la renovación de su residencia a las 12 del día, debido a que una semana antes le habían robado en Madrid, aunque esa es otra complicada historia que terminó en un documento que le permitiera el reingreso a España y no perder el 'hermoso viaje a París'.
Por suerte estábamos ahí a las 4 de la mañana y pudimos acceder a un caro quisco público, no llevamos las netbooks para evitar distraer la atención del romántico fin de semana. Decidimos pedir el cambio de vuelo al viernes 14 de mayo, pues sólo daba esa opción la página de Internet, siempre con esperanza de que la nube continuara y nos regresaran el dinero.
Ahí mismo consultamos la posibilidad de regresar a Madrid por tierra a través de Eurolines, pero no fue posible el mismo día, así que decidimos ir a la estación internacional de autobuses de 'Galleini', donde conseguimos salir el martes a las 2:30 de la tarde con el agravante de 17 horas de viaje y perder el dinero de la aerolinea de bajo costo. Está bien, dijimos, tras vernos obligados a esperar cuatro horas en un centro comercial donde tocaron música en español e inglés, pero no en francés, con excepción de los anuncios comerciales.
Hicimos el 'check in' a las 1:30 de la tarde y nos dispusimos a dirigirnos al andén 12, íbamos a dormir todo el camino, tras aventura vivida... !No lo podía creer! Un grupo de adolescentes preparatorianos que no pasaban de los 18 años estaban haciendo un gran desmadre e iban a ubicarse en el mismo autobus. Corrimos hasta atrás para estar lo más lejos posible, pero la marabunta decidió seguirnos y ponerse alrededor. Fueron 17 horas de chacoteo hasta que en una de esas me cayeron las pastillas para la gripa de uno de los estudiantes y con mi mexicano carácter les dije: "no estén chingando, no entienden que quiero dormir". Pero como eran españoles, no entendieron la palabra.
Llegamos pasadas las 7 de la mañana a Madrid, de tal manera, que compramos los periódicos para saber que pasaba con la nube. No había noticias de la en portada, por fin en interiores de uno de los diarios decía: la nube tiene poca afectación y se retira hacía el Atlántico, los vuelos vuelven a la normalidad. En definitiva, París no es tan romántica como la pintan.
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