El recuerdo está tan vivo que me duele saber que está por terminar. En mi mente podría describir segundo a segundo la llegada a España, el 31 de enero de 2010. Era la Sala 2 del Aeropuerto Internacional Madrid-Barajas.
Acaba de decir adios a una etapa de mi vida, eran 28 años de una historia en México, un país del que ahora estoy más orgulloso que nunca; una historia de una relación amorosa de 10 años cuya prueba de fuego no superé.
Ahora paso a enamorarme de Latinoamérica, con 18 hermanos cuyas historias me llegan tan adentro como las de mi propio país: Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Ecuador, Venezuela, Colombia, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Perú, Argentina y a mi México, D.F.
Ahora estoy por definir mi futuro sentimental, que incluye desde el aspecto más personal, hasta mi convicción personal de fomentar la unidad latinoamericana y por su puesto estrechar las relaciones con España, pues es gracias al idioma que heredamos que podemos cohesionarnos.Me acuerdo de la llegada por Iberia, realmente el aeropuerto era gigante comparado con el Internacional Aberlardo L. Rodríguez de Tijuana, pero fue sencillo encontrarme con Lorena Mena de Ecuador, pequeñita con la que compartí el taxi.
Ahí tambien estaba Catalina Oquendo y mi hermano Mauricio Builes, ambos colombianos, quienes después nos contarían sus historias entre la guerrilla, los paramilitares y el Ejército, infancias, que aunque diferidas en el tiempo, no cambian mucho de la realidad que viven mis niños mexicanos, a quienes las armas se les han convertido en juguetes.
Llegaba a un continente nuevo, donde la gente no está preocupada por no tener para comer, pues el gobierno les da dinero para que no mueran de hambre. Sus protestas son de pensamiento y aunque la política puede ser tan asquerosa como en México, tengo que aceptar que viven con reglas para 'Dummies' que siguen a la perfección y no se meten en problemas.
Las personas atraviesan en el paso de cebra la calle, no rayan las paredes del metro, dan el paso para que salgan las personas antes de entrar de los vagones, los peatones llevan la preferencia, sus autobuses tienen rampa de acceso para discapacitados y una serie de detallitos que vale la pena copiar.
Me acuerdo que Mau traía una bolsa de maleta que parecía un muerto, era lo primero que mi mente imaginaba, meses después mi mente ha eliminado, en parte, esos pensamientos, la verdad quisiera regresar y encontrar a otra realidad, pero cada vez que checo los periódicos de mi país veo que las cosas no mejoran, entonces se que es hora de regresar, hora de contribuir con un granito de arena para cambiar las cosas.
Fueron los primeros 10 días en Madrid, en el NH Hotel, eran los primeros 10 días del Programa Balboa. Teníamos habitación y comida de lujo, después sería un poco más difícil, desde aprender a cocinar, lavar, planchar y sobre todo enfrentarte a otros periodistas especializados, para los cuales las notitas no existen, sino las historias periodísticas, un punto en medio de otros 50 becarios de Unidad Editorial, la empresa periodística que me acogió, no sin antes una semana de espera para que nuestro director Aires Vaz (faro, luz y guía en esta aventura) nos diera a conocer la decisión final.
lunes, 24 de mayo de 2010
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